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El
cinematógrafo
fue conocido
en la mayoría
de las
capitales de
los países
latinoamericanos
inmediatamente
después de la
primera
proyección
realizada en
París por los
hermanos
Lumière. Sin
embargo, en
ninguno de
ellos surgió
una industria
propiamente
dicha hasta la
década de
1940. Desde
principios del
siglo XX, a
través de la
distribución y
la exhibición,
las compañías
estadounidenses
de cine
detentan el
control de las
pantallas de
todo el
continente,
salvo en el
corto periodo
de la II
Guerra
Mundial. Como
aliado, México
se benefició
de este
importante
mercado cedido
por Estados
Unidos en
detrimento de
Argentina y
España, el
primero
neutral y el
segundo bajo
una dictadura
fascista, que
vieron decaer
sus
respectivas
industrias
cinematográficas.
En ese periodo
México vio
crecer su
industria
gracias a un
mercado seguro
de habla
castellana.
Las
producciones
por lo general
eran comedias
y dramas
populares,
cuando no
películas de
tendencia
socio-folclórica.
El cine en
México había
empezado con
Riña de
hombres en el
zócalo (1897).
A partir de
esta fecha no
se dejaron de
producir
películas,
generalmente
noticiarios
sobre la
independencia
y la
Revolución
Mexicana como
El grito de
Dolores (1910,
de Felipe
Jesús del
Haro) o
Insurrección
en México
(1911, de los
hermanos
Alva). En
1917, el
gobierno de
Venustiano
Carranza
restringe la
difusión del
cine
documental
revolucionario,
y ese mismo
año se funda
la productora
Azteca Film,
que realiza
películas de
ficción como
La obsesión.
El Cine
Mexicano está
constituido a
la actualidad
por una
historia,
valores que se
han ido
modificando a
lo largo del
tiempo, una
industria, y
una infinidad
de temáticas
que
corresponden
cada una a una
momento
histórico,
ideológico,
económico y
político
determinado.
El cine
mexicano ha
tenido por lo
menos cuatro
momentos que
se relacionan
con el momento
histórico del
propio país.

Aunque
en su inicio
el cine
mexicano no
tuvo por mucho
el desarrollo
y apoyo que
había
conseguido la
industria en
Estados Unidos
desde el cine
mundo, hasta
el nacimiento
de la
industria
hollywoodense,
éste empezó a
desarrollarse
de forma muy
discreta en
los primeros
registros de
la vida
porfiriana y
posteriormente
en la vida del
México
revolucionario.
En 1894 Tomás
Alba Edison
vendió su
kinetoscopio,
y en 1895 Luis
Lumiére en
París daba
funciones de
cine lo que
fue un
acontecimiento
mundial. En
México, sólo
un año después
en 1896 el
Ingeniero
Salvador
Toscazo tuvo a
bien importar
desde Lyon el
primer
proyector
cinematográfico,
iniciando la
exhibición en
el sitio que
recibió el
nombre de
“Cinematógrafo
Lumiere”, en
la Calle de
Jesús en la
Capital del
país.
Posteriormente
se trasladó a
Plateros y
Bolívar en lo
que hoy es el
centro
histórico, en
el “Salón
Rojo”.
En las zonas
rurales fue
mucho más
lento el
cambio, pues
en la vida
porfiriana
sólo se
conoció el
cine cuando
los señores
Pogibet y
Moulinié
llevaron a
cabo funciones
gratuitas para
difundir al
cine en la
provincia
mexicana. En
la Revolución
el cine perdió
auge por la
importancia
del
movimiento,
aunque muchas
de las
imágenes de
los
revolucionarios
se conservan
gracias al
esfuerzo de
los fotógrafos
y de quienes
dentro del
cine
comenzaron
esta industria
y habían
adquirido
cámaras y
proyectores.
En
1926 apareció
el cine sonoro
en el mundo, y
es hasta 1930
cuando en
México se
produce la
primera
película
sonora llamada
“Más Fuerte
que el Deber”.
En 1936 fue
significativo
el estreno del
rodaje “Allá
en el Rancho
Grande”. Es
importante
contextualizar
el momento en
que la llamada
época de oro
del cine
mexicano
aparece o se
va fraguando,
puesto que en
los primeros
años
posteriores a
la revolución
el México que
se
estructuraba
buscaba
valores
nacionalistas,
apareciendo
con gran
fuerza el cine
indigenista,
que coincidirá
además, con
los esfuerzos
políticos de
integrar a los
pueblos
indígenas al
proceso de
desarrollo, y
reivindicar
los valores
nacionales.
La historia
del cine
indigenista
data de los
primeros años
del siglo
pasado; en
épocas del
cine mudo el
yucateco
Carlos
Martínez de
Arredondo se
interesó por
reconocer y
rendir culto a
la vida del
mundo
prehispánico,
en donde
pretendió
destacar los
valores de
dichas
culturas en
una película
como: TIEMPOS
MAYAS: Un film
editado en
1912 y
realizado en
la hacienda
Opichen, que
narra las
aventuras de
un hombre maya
y sus
relaciones
amorosas. LA
VOZ DE LA
RAZA: De 1912
también que
hace
referencia a
una pareja
joven maya que
intentan
concretar su
amor.
Asimismo, el
interés por
este tipo de
cine se va
haciendo
presente,
puesto que
Manuel de la
Bandera dirige
en 1916
Cuauhtémoc, en
donde se toca
la temática de
la crueldad de
la conquista.
Nadie antes
había hecho
una propuesta
que
reconociera la
violencia de
ese episodio
nacional, y la
importancia
que tuvo para
el desarrollo
de la cultura
nacional.
En
los años 30.
el soviético
Eisenstein
realizó una
película
llamada ¡QUE
VIVA MÉXICO!
que tuvo el
interés de
ofrecer al
públicos
narrativas
visuales de
contenidos más
ricos y
profundos. De
ahí Carlos
Navarro por
ejemplo, se
inspiró para
realizar
JANITZIO de
1934, y Chano
Urueta
llevaría su
título de LA
NOCHE DE LOS
MAYAS. Por su
parte, Emilio
el Indio
Fernández
ofrece su
creación
clásica de
María
Candelaria en
el año de
1943.
Había un
interés
particular por
los
realizadores
por ofrecer
cintas
realistas, que
hablaran de
las
problemáticas
que por mucho
tiempo el
Estado ignoró
y pretendía
defender, por
lo menos de
palabra. Por
ejemplo, en LA
NOCHE DE LOS
MAYAS, su
director se
preocupó
porque éstos
hablaran en
español
antiguo, para
darle realismo
a los
diálogos.
El mundo
indígena fue
concebido
diferente en
cuanto a la
realidad
material que
vivía, el
abandono y la
discriminación
de los grupos
de poder,
sobre todo del
Estado y de
las leyes
ignorantes de
sus derechos.
Sin embargo,
los
sentimientos
en el mundo de
esta
naturaleza no
eran
diferentes a
la naturaleza
humana, el
amor, lo mismo
que el
sufrimiento
quizá eran
comunes, pero
más intensos
porque no
había auxilio
del resto de
la sociedad
para la
pobreza y la
ignorancia.
JANITZIO fue
otra película
que aumentaría
el interés por
la desigualdad
en una
sociedad que
se jactaba de
ser
desarrollada.
Por otro lado,
la
interpretación
de los
reconocidos
cineastas se
consolidaba
con el
tratamiento
que le dieron
por ejemplo a
Tizoc y a
Macario, pero
desde lo
oficial, el
Instituto
Nacional
Indigenista
promovía
películas como
CARNAVAL
CHAMULA, José
Báez Esponda,
MISIÓN DE
CHICHIMECAS de
Nacho López,
centrándose en
las costumbres
y tradiciones
indígenas
auténticas.
En la misma
época deben
considerarse
producciones
como las de
Santa, bajo la
Dirección de
Antonio
Moreno, o
Sobre las Olas
de 1932, de
Miguel
Zacarías y
Rápale J.
Sevilla. A
partir de
entonces puede
hablarse ya de
una industria
cuyo interés
principal era
exponer lo que
consideró
entonces como
valores
nacionales; al
mismo tiempo
que algunos
directores
ponían énfasis
en la vida
campirana y
los ideales de
pureza,
trabajo y
justicia
social, otros
se centraban
en temáticas
más urbanas
que fueron
consolidándose
como las que
se proyectaron
en las décadas
de los 40 a
50.
Coincidentes
con la
industrialización
del país, el
espectador ya
no podía
identificarse
del todo con
el mundo
rural, sino
con la
naciente clase
obrera que
luchaba por
conseguir un
estatus
económico que
mejorar la
calidad de
vida.
El cine de la
época de oro
(1939-1945) se
centro en
temas como la
pobreza, la
lucha de la
vida urbana,
la injusticia
social y la
idealización
de valores
morales como
el amor, la
fidelidad,
haciendo
diferencias
fundamentales
entre hombres
y mujeres en
una sociedad
que se
constituía
pretendiendo
dar a cada
género un
papel bien
definido
dentro de la
sociedad.
De
1946 a 1950,
la vida de la
ciudad era
presentada con
sus aciertos y
sus bemoles,
aparecieron
las películas
de rumberas y
arrabales, en
los que se
ponía de
relieve la
pérdida de la
moral, en la
que la ciudad
y la búsqueda
de un mejor
porvenir, las
modas y la
diversión
habrían
perdido a
mujeres y a
hombres
convirtiéndolos
en seres
negativos para
la sociedad.
Son
emblemáticas
las cintas
como “Los Tres
García” de
1946,
“Nosotros los
pobres”, de
1947.
En el ámbito
internacional
el cine
mexicano había
alcanzado
prestigio, y
una de las
figuras más
representativas
de la
industria fue
el Indio
Fernández cuya
narrativa
habría
conmovido a la
escena
nacional, con
los temas de
pueblo,
indigenismo e
injusticia.
Sin embargo, a
finales de la
década de los
40 y
principios de
los 50 se
sucedieron
grandes
cambios en la
industria,
puesto que el
cine de
Estados Unidos
había
adquirido ya
gran renombre
y poder
económico, al
mismo tiempo
que aparecía
la televisión
para dar paso
a una nueva
forma de
entretenimiento.
La industria
comenzaba a
debilitarse
por la amplia
competencia
que
significaba la
competencia
estadounidense,
así como las
inversiones y
la necesidad
de nuevas
temáticas.
La
década de los
60 llegó con
cambios
emblemáticos
en la sociedad
mexicana, y
con ecos de
las
influencias
que en el
resto del
mundo se
consolidaron
como banderas
de identidad
en diferentes
grupos
sociales: la
libertad
femenina, la
industrialización,
la clase
media, mismos
que a veces se
veían como una
amenaza para
los valores
tradicionales
de países como
el nuestro,
por tanto, el
cine haría lo
propio
produciendo
películas
dedicadas a
alertar
moralmente a
la sociedad
del peligro
que
significaba la
liberación.
Películas como
“Cuando los
hijos se van”.
Dentro del
gobierno se
había
consolidado el
control de la
industria
cinematográfica
que por ley
pasó a manos
de la
Secretaría de
Gobernación
para que fuese
ésta quien
autorizara los
temas y
contenidos de
esta
industria.
Mientras que
en países como
Estados
Unidos,
Francia e
Italia el
tratamiento de
los temas era
más directo y
realista, en
México el cine
se enfrentaba
a la censura,
así como al
poderío del
sindicato de
Trabajadores
de la
Producción
Cinematográfica,
que
controlaban
gran parte de
la producción
y mantenían
limitaciones
para el
ingreso de
nuevas
propuestas y
cineastas.
Durante la
década de los
60 hasta los
70, se
observan
producciones
pobres, de
poco
presupuesto,
escaso valor
temático, pero
que mantuvo de
cualquier
forma su
presencia en
las salas de
una clase
media y baja
cada vez más
golpeada. En
los años 70 el
cine estaba en
manos de tres
productoras
estatales:
Conacine,
Conacite I y
II, aunque es
una época en
la que el
Estado
invirtió
recursos y
logró el
reordenamiento
de la
industria y
permitiendo
creaciones
como “El
castillo de la
pureza”, de
1972, del
director
Arturo
Ripstein,
“Canoa” de
Felipe Cazals
de 1975, “El
Apando”, del
mismo año y
director.
Entre 1976 y
1988 surgen
propuestas más
audaces y
abiertas como
el cine de
ficheras que
aunque ha sido
sumamente
criticado,
sostuvo por
mucho tiempo a
la industria y
a la
generación de
actores.
Destacan
títulos como
“Bellas de
noche”, de
1974, y “Las
ficheras” del
mismo año.
Posteriormente,
los años 90
parecen haber
traído una
nueva
generación de
actores,
directores y
guionistas que
dieron nuevo
aire al cine
mexicano. En
la época que
se ha
denominado
desde entonces
“El nuevo cine
mexicano”, y
que consolida
producciones
como “De noche
vienes
Esmeralda”, de
Jaime Humberto
Hermosillo de
1997, “Por si
no te vuelvo a
ver”, de Juan
Pablo
Villaseñor”,
“La Ley de
Herodes”, de
1999, de Luis
Estrada, y
otras que
demostraron en
pantalla la
necesidad de
temas que
reflejaran el
cambio
ideológico y
político que
se estaba
gestando en la
sociedad
mexicana del
siglo XXI.
Actualmente,
los directores
como Alejandro
González
Iñárritu,
Guillermo del
Toro, Alfonso
Cuarón, han
sido pioneros
en una etapa
de
reconocimiento
internacional.
La gran
problemática
que vive la
industria
nacional se
caracteriza
por una gran
competencia de
las casas
productoras
norteamericanas
esencialmente,
quienes tienen
un poder
basado en la
mercadotecnia,
en grandes
campañas que
convocan al
consumo de
productos
asociados a
sus títulos de
temporada,
frente a la
cual el cine
mexicano
compita sólo
con el talento
de sus
creadores.
http://www.explorandomexico.com.mx/
|
Es
inevitable
que
para
hablar
de
cine
mexicano
se
tenga
que
hablar
de
música:
este
pueblo
mexicano
para
siempre,
y
en
cualquier
manifestación,
está
ligado
a
su
música.
La
primera
película
sonora
mexicana
es
Santa,
—estrenada
en
1927—
recordando
la
historia
de
la
prostituta
y
el
ciego
que
se
compadece
de
ella.
Desde
esta
primera
cinta,
el
título
mismo
es
pretexto
para
que
el
ya
célebre
desde
entonces
músico
poeta
Agustín
Lara
engalanara
con
su
música
el
naciente
cine
nacional.
Santa,
sé
mi
guía,
en
el
triste
calvario
de
vivir…
|
|
|
Hay
que
destacar
que la
tecnología
para
sonorizar
era en
ese
entonces
tan
cara,
que
Joselito
Rodríguez
y sus
hermanos
inventaron
la
manera
mexicana
de
hacerlo,
que
sería
con la
que más
adelante
se
produciría
todo el
cine
sonoro.
El
elenco
de los
teatros
de
revista
y la
radio
sería el
mismo
del
cine,
agregándose
leyendas
de la
pantalla
como
Pedro
Armendáriz,
los
hermanos
Soler,
Arturo
de
Córdova
y Elsa
Aguirre,
entre
tantos
más, que
si bien
no
gozaron
de
espléndidas
voces
como los
músicos-actores,
sí lo
hicieron
de
grandes
dotes
histriónicas.
Los
géneros
que se
desarrollaron
en el
cine
nacional
en los
años de
oro
tuvieron
necesariamente
que ver
con los
géneros
musicales:
para
quienes
venían
con su
música
tradicional
de sus
lugares
de
origen,
las
películas
rancheras
que van
desde
¡Ay
Jalisco
no te
rajes!
hasta
obras de
arte
como
Redes,
musicalizada
por
Silvestre
Revueltas,
pasando
por las
de Tito
Guízar
—Allá en
el
rancho
grande,
que
hiciera
Historia—
y las
favoritas
de
siempre:
Algo
flota
sobre el
agua
(con
Elsa
Aguirre),
La oveja
negra y
No
desearás
la mujer
de tu
hijo,
seguidas
por
cualquier
cantidad
de joyas
estelarizadas
por
Pedro
Infante
y
dirigidas
por
Ismael
Rodríguez
y los
charros
más
importantes:
Jorge
Negrete,
Lola
Beltrán,
Lucha
Reyes,
Javier
Solís y
Miguel
Aceves
Mejía,
entre
tantos
otros.
Para los
citadinos
los
géneros
policíacos,
en los
cuales
aparecían
las
historias
de
cabarets
con
mujeres
perdidas,
hombres
salvadores
o
abusivos
y toda
la cosa,
todo
aderezado
con
boleros
de
Agustín
Lara y
tantos
otros
autores
y
posteriormente
con
géneros
afroantillanos
como el
mambo,
el chá
chá chá,
y los
sones
cubanos.
Los
comediantes
tendrían
su muy
destacado
lugar,
en
algunos
casos
como
excelentes
músicos
también
como es
el caso
de Tin
Tan y su
carnal
Marcelo.
Películas
de amor,
de
reflexión
social a
la
usanza
de la
época y
viendo
siempre
por la
moral y
las
buenas
costumbres,
melodramas
con
harta
lágrima
pero que
con
frecuencia
daban a
entender
que el
sacrificio
de la
mujer y
de la
madre
valía la
pena.
Por
supuesto,
con el
condimento
de
tangos
si se
trataba
de
Libertad
Lamarque
o de
canciones
charras
si se
trataba
de Jorge
Negrete.
Hubo
quienes
cubrieron
toda la
gama de
posibilidades,
desde la
comedia
citadina,
el
melodrama
hasta
las
rancheras
o
cómicas;
es el
caso
inolvidable
de Pedro
Infante,
que lo
mismo
alternaba
en
películas
de
cabaret
o de
charros,
que
haciéndola
de
peladito
en el
personaje
más
célebre
de la
historia
del cine
mexicano:
Pepe el
Toro.
El cine
intentaría
descubrir
un
rostro
propio
como
nación;
las
películas
del
Indio
Fernández,
de Julio
Bracho,
Alejandro
Galindo,
Ismael
Rodríguez,
Salvador
Toscano,
y tantos
más, no
menos
importantes,
hablan
de la
inquietud
tan
grande
que se
vivía
por
aquellos
años:
manifestarse
como
nación
con una
cultura
propia y
capaz de
sobrevivir
siendo
un caldo
de
cultivo
de
diversas
maneras
de
mostrarse
como
seres
humanos.
Por esos
años iba
quedando
cada vez
más
claro
que
México
es
muchos
Méxicos,
y que
sólo a
partir
de la
variedad
cultural
es
posible
entenderlo.
Este
país
comenzaba
a
valorarse
y
quererse
con toda
su
complejidad,
tal como
es.

Las
mejores
películas
mexicanas
de todos
los
tiempos:
Dada la
vasta
producción
cinematográfica
que ha
desarrollado
México
durante
más de
un
centenar,
hacer un
listado
de las
mejores
películas
mexicanas
de todos
los
tiempos
resulta
una
tarea
sumamente
ardua.
Sin
embargo,
muchos
especialistas
concuerdan
que la
mayoría
de
películas
consideradas
como las
mejores
de todos
los
tiempos,
son
películas
realizadas
en la
Época de
Oro del
cine
mexicano,
es decir
entre
los años
de 1936
a 1957.
Entre
las
mejores
películas
mexicanas
encontramos
a:
•
Vámonos
con
Pancho
Villa
• Allá
en el
rancho
grande
• Los
olvidados
• La
pasión
según
Berenice
• Rojo
amanecer
• El
bulto
• El
jardín
del edén
• Sexo,
pudor y
lágrimas
• Amores
Perros
• El
violín
• El
laberinto
del
Fauno
• El
compadre
Mendoza
•
Aventurera
• Una
familia
de
tantas
•
Nazarín
• Él
• El
ángel
exterminador
• Como
agua
para
chocolate
• Doña
Bárbara
Si
bien es
cierto,
México
es uno
de los
países
que más
ha
desarrollado
el cine,
de cuya
época
dorada
fue
heredada
por las
radionovelas
y
posteriormente
las
telenovelas.
Este
último
género
comenzó
a captar
mayor
audiencia
desde su
aparición
en la
década
de los
años
cincuenta
cuando
la época
dorada
del cine
mexicano
empezó a
decaer.
Desde
los
clásicos
charros
del cine
mexicano
de los
años
cuarenta
y
cincuenta
como
Tito
Guízar,
Jorge
Negrete,
Raúl de
Anda,
Luis
Aguilar,
Emilio
«Indio»
Fernández,
el
Charro
Avitia,
José
Alfredo
Jiménez,
Pedro
Infante,
Javier
Solís,
Pedro
Armendáriz,
Antonio
Aguilar,
Miguel
Aceves
Mejía y
Vicente
Fernández,
erigidos
como
íconos
de la
mexicanidad
por su
representación
de la
charrería
y por
encarnar
al
corajudo
macho
mexicano;
pasando
por los
actores
secundarios
los que,
según la
crítica,
realmente
han
sabido
elevar
su papel
por su
propio
talento
como el
caso del
escudero
fiel del
charro
Pedro
Infante
en «Los
tres
huastecos»,
nos
referimos
a
Fernando
Soto
Mantequilla,
quien ha
tenido
intervenciones
memorables
en otras
cintas
como «La
noche y
tu», «La
hija del
panadero»,
«Ustedes
los
ricos»,
«La
estatua
de
carne»,
«Los
tres
García»
y muchos
más. Un
caso
similar
es el de
Ernesto
Gómez
Cruz,
cuya
actuación
supera a
cualquier
galán,
pero ha
sido
relegado
por su
físico
en
«Cadena
perpetua»,
aclamada
como la
mejor
película
mexicana.
En
«Estas
ruinas
que ves»
los
actores
secundarios
están a
la misma
altura
que los
actores
principales,
entre
ellos:
Víctor
Junco,
Guillermo
Orea,
Rafael
Banquells,
Alejandro
Chiangerotti,
Ariadna
Welter,
Ana
Ofelia
Murguía.
La lista
de
actores
de
reparto
continúa
a lo
largo de
la
historia
del cine
mexicano.
Cine
mexicano
actual
Es
importante
mencionar
que en
las
últimas
décadas
surgió
una
nueva
generación
de
actores
y
directores
quienes
se
estrenaron
como «La
Nueva
Era» del
cine
mexicano.
Destacan:
«Rojo
amanecer»
<1989>
de Jorge
Fons,
«El
bulto»
<1991>
de
Gabriel
Retel,
«El
jardín
del
edén»
<1994>
de María
Novaro,
«Sexo,
pudor y
lágrimas»
<1999>
de
Antonio
Serrano,
«Amores
Perros»
<2000>
de
Alejandro
González
Iñárritu,
«El
violín»
<2005>
de
Francisco
Vargas,
«El
laberinto
del
Fauno»
<2006>
de
Guillermo
del
Toro,
Entre
otras
cintas.
Si eres
fanático
del cine
mexicano,
entonces
debes
saber
que de
lo que
va del
año ya
son
varias
las
películas
mexicanas
que han
llegado
a la
pantalla.
Por
ejemplo,
durante
el mes
de enero
se
estrenó
el film
Amor en
un fin,
el cual
contó
con la
participación
de
destacados
actores
como
Adriana
Barraza,
Paola
Núñez y
Daniel
Giménez
Cacho.
Otra
de las
películas
estrenadas
ha sido
la
película
animada
Triple A
así como
el filme
Juegos
inocentes
de
Adolfo
Martínez.
Durante
el mes
de
febrero
se
estrenó
la
película
de
Fracisco
Laresgoiti,
llamada
2033, la
cual
muestra
la
realidad
social
mexicana
en el
futuro.
Sin duda
una
película
apocalíptica
bastante
interesante.
Otra
película
que ha
llamado
la
atención
es
Seres,
la cual
narra la
historia
de una
niña que
se
comunica
con
seres de
otros
planetas.
Entre
los
actores
que
protagonizaron
el filme
encontramos
a Liz
Gallardo,
Gonzalo
Vega y
Humberto
Busto.
Fuentes:
http://www.explorandomexico.com.mx/about-mexico/4/105/ |
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