Patrimonio de la Humanidad

  Fiestas indígenas dedicadas a los muertos
 

Tal y como la practican las comunidades indígenas de México, la fiesta del Día de los Muertos celebra el retorno transitorio de los difuntos a la tierra. Estas festividades se celebran cada año durante los últimos días del mes de octubre y los primeros de noviembre, un periodo que en general marca el final del ciclo del maíz, alimento básico del país.

Para facilitar el retorno de las ánimas a la Tierra, las familias decoran el camino que lleva desde la vía pública hasta las casas con pétalos de flor, velas y ofrendas. Se supone que el difunto siente así agradecimiento hacia su familia, que adorna el altar familiar en la casa y la tumba en el cementerio con composiciones florales, artesanías y los platillos preferidos del difunto. Todos estos preparativos deben realizarse con sumo cuidado, porque en el imaginario del grupo, un muerto que se considere ofendido por un rito mal hecho puede hacer que el cabeza de familia se enferme. Por el contrario, también puede expresar su contento y mejorar la vida cotidiana autorizando por ejemplo una buena cosecha de maíz que asegurará el sustento de la familia durante todo el año. Los muertos, clasificados en diversas categorías según el motivo del fallecimiento (accidente o asesinato), y por edades, sexos, y, en algunos casos, profesiones, tienen cada uno un día de culto determinado durante estas ceremonias.

La fiesta del Día de los Muertos, de profunda riqueza espiritual y artística, reviste una importancia considerable en la vida cotidiana de las comunidades indígenas por la dimensión filosófica de la muerte que propone. Se inscribe tanto en un ciclo festivo y de rito popular como en la organización sociocultural de los grupos. La institución de la fiesta de los muertos, que es una emanación de la religión popular y de las fiestas católicas, revela una sinergia cultural entre el pensamiento indígena y el sistema ideológico importado en el siglo XVI por los europeos. El encuentro anual de los autóctonos y sus antepasados tiene asimismo una función social, pues recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad y al posicionamiento político y social de comunidades muy preocupadas por la preservación de su tradición.

 

Aunque las celebraciones de la fiesta de difuntos no están formalmente amenazadas, es importante mantener su coherencia intacta para permitir que sus actores tengan clara conciencia de su valor. Además, la dimensión estética y metafísica de estas festividades debe preservarse del creciente número de diversiones no indígenas y de carácter comercial que tienden a vaciarlas de su contenido espiritual.
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Con la fiesta del Día de los Muertos, tal como la practican las comunidades indígenas, se celebra el retorno transitorio a la tierra de los familiares y seres queridos fallecidos. Esas fiestas tienen lugar cada año a finales de octubre y principios de noviembre. Este periodo marca el final del ciclo anual del maíz, que es el cultivo predominante en el país.
Para facilitar el retorno de las almas a la tierra, las familias esparcen pétalos de flores y colocan velas y ofrendas a lo largo del camino que va desde la casa al cementerio. Se preparan minuciosamente los manjares favoritos del difunto y se colocan alrededor del altar familiar y de la tumba, en medio de las flores y de objetos artesanales, como las famosas siluetas de papel. Estos preparativos se realizan con particular esmero, pues existe la creencia de que un difunto puede traer la prosperidad (por ejemplo, una abundante cosecha de maíz) o la desdicha (enfermedad, accidentes, dificultades financieras, etc.) según le resulte o no satisfactorio el modo en que la familia haya cumplido con los ritos.
Los muertos se dividen en varias categorías en función de la causa del fallecimiento, edad, sexo y, en ciertos casos, profesión. Se atribuye un día específico de culto para cada categoría. Este encuentro anual entre los pueblos indígenas y sus ancestros cumple una función social considerable al afirmar el papel del individuo dentro de la sociedad. También contribuye a reforzar el estatuto político y social de las comunidades indígenas de México.
Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos están profundamente arraigadas en la vida cultural de los pueblos indígenas de México. Esta fusión entre ritos religiosos prehispánicos y fiestas católicas permite el acercamiento de dos universos, el de las creencias indígenas y el de una visión del mundo introducida por los europeos en el siglo XVI.
El Día de los Muertos en México
El día de los muertos tiene sus raíces en el México prehispánico. Sus antecedentes históricos son las ceremonias nahua en honor de Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl, los dioses del Mictlán o Reino de los Muertos.

Algunos historiadores creen que fue Tlacaelel quien inició la costumbre (coincidiendo con la época de las cosechas) de hacer ofrendas a los dioses de la muerte. Ésta consistía en llevar flores de cempasúchil (flor de muerto) y tamales (empanada hecha con masa de harina de maíz). Esto acontecía en los meses de Septiembre y Octubre (ochpaniztli y teotleco), al final del ciclo agrícola, cuando se cosechaban en abundancia diversos productos, especialmente el maíz y la calabaza.

Fray Diego Durán dice "que en el ritual indígena nahua existían dos fiestas dedicadas al culto a los muertos: Micca-ilhuitontli o Fiesta de los Muertecitos, que se conmemoraba el noveno mes del calendario nahua y equivalía al mes de agosto del año cristiano; y la Fiesta Grande de los muertos, celebrada el décimo mes del año. Estas fiestas, además de dedicarse a los muertos, eran propiciatorias a la agricultura, ya que ese mes (agosto para los cristianos) los indígenas temían a la muerte de las sementeras a causa del hielo. Por ello se apercibían con ofrendas, oblaciones y sacrificios".

Con la llegada de los conquistadores españoles, los misioneros no rompieron con estas tradiciones indígenas, sino todo lo contrario: aceptaron plenamente estos ritos y enseñaron a los pueblos conquistados una nueva fiesta: El Día de los Fieles Difuntos.

La fiesta del Día de los Muertos en México es una conmemoración alegre y festiva que no tiene nada que ver con la idea tétrica de la muerte, sino con la celebración de la feliz existencia de las almas.

Octavio Paz explica de una manera muy clara el modo que tienen los mexicanos de entenderla: "La palabra muerte no es fácil de pronunciar en las grandes ciudades del mundo; parece que quemara los labios. El mexicano, por el contrario, es familiar con la muerte: hace chistes sobre ella, no le quita el sueño, la celebra, es su juguete favorito y uno de sus amores imperecederos. A lo mejor hay en esta actitud tanto temor como pueda haber en otras, pero al menos demuestra que no se esconde ante la muerte, que la mira cara a cara con impaciencia, con desdén o con ironía. La indiferencia mexicana hacia la muerte es consecuencia de su indiferencia hacia la vida. Las canciones, los proverbios, las fiestas y las creencias populares muestran muy claramente que a los mexicanos la muerte no puede asustarles porque la vida ya les tiene curados de espanto. Es, por lo tanto, no sólo natural, sino deseable incluso, morir; y cuanto antes mejor".

Las festividades del Día de los Muertos comienzan unas semanas antes, cuando los mexicanos de todos los estratos sociales se echan a la calle para comprar flores, especialmente de cempasúchil, flor de intenso color amarillo y especial aroma, velas y comida para que los muertos se sientan felices el único día que Dios les concede la gracia de visitar a sus familiares. Las pastelerías fabrican dulces especiales del día: ataúdes de chocolate, esqueletos de azúcar y "pan de muerto", que forman parte de la tradición y se suelen regalar entre los amigos durante estos días.

En el calendario católico el 1 de Noviembre está dedicado a la fiesta de Todos los Santos y el 2 a los Fieles Difuntos. Sin embargo, en la tradición popular mexicana el día 1 se celebra la fiesta de los muertos "chiquitos" o niños fallecidos, y el día 2 la de los adultos o muertos "grandes".

El 31 de Octubre al mediodía, las campanadas de la iglesia anuncian la llegada a todo el pueblo de los niños difuntos (los angelitos) y los adultos sin bautizar. Los niños son recibidos en sus casas por sus familiares, quienes previamente han preparado una mesa con flores blancas, una vela por cada niño muerto que tenga la familia, un vaso con agua y un plato con sal. También se les pone juguetes para que los niños estén contentos. A las siete de la tarde se sirve la merienda de los niños, que consiste en "pan de muerto", chocolate, tamales de dulce y fruta.

El 1 de Noviembre, a las ocho de la mañana, se sirve el desayuno y cuatro horas más tarde repican solemnemente las campanas de la iglesia para indicar que ya se van los niños al mundo de los muertos. A continuación, se tocan doce campanadas y empieza a sonar tristemente "el doble", en señal que ya llegaron los difuntos "grandes". Ahora los altares de las casas se adornan con flores amarillas (cempasúchil), candelabros negros con velas grandes, según los difuntos que tenga la familia, un vaso con agua y un plato con sal. A las ocho de la noche se toca de nuevo por las ánimas y las familias se reúnen junto a la ofrenda para rezar el rosario por sus difuntos. Después los familiares ponen las ofrendas en la mesa para que los difuntos puedan comer. Generalmente se ofrenda la comida que le gustaba al muerto. Algunas familias preparan una cama limpia para que los difuntos puedan descansar. Otros, en cambio, ponen las cosas que utilizaba el muerto en vida como ropa, herramientas de trabajo, cigarrillos (si fumaba) y una botella de tequila o mezcal.

El 2 de Noviembre, a las doce del mediodía, tañen de nuevo las campanas de la iglesia en señal de que ya se van los difuntos. A continuación se sirve la comida en las casas. A las seis de la tarde todas las familias visitan el cementerio llevando gran cantidad de flores y velas para alumbrar el camino de regreso de las almas al cielo. A este acto se llama "la iluminada" y representa el triunfo del paso de esta vida a la otra.
 

Calaveritas de azucar

Altar de muertos

   

Altar en el dia de los muertos

Vista del cementerio en el dia de los muertos

   

Pan de muertos