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Época
Precolombina
La
historia de la
época
precolombina
de México se
conoce
básicamente
por el trabajo
de los
arqueólogos,
pues no se
dispone de
fuentes
escritas que
permitan con
detalle el
desarrollo de
los pueblos
que habitaron
el territorio
que hoy se
conoce como
México durante
el periodo que
va desde la
llegada de los
seres humanos
a estas
tierras hasta
la conquista
española en el
siglo XVI. Es
excepcional el
caso de los
mayas del
Período
Clásico, y los
mixtecos y
mexicas del
Período
Posclásico,
pues se cuenta
con documentos
sobre esas
culturas,
aunque sólo
hasta fechas
muy recientes
se ha podido
descifrar su
contenido.
Poblamiento
de América
Existen
varias
hipótesis
acerca del
poblamiento de
América. La
más aceptada
de ellas la
atribuye a las
migraciones de
pueblos
paleomongoles
que habitaban
en Siberia
antes de las
glaciaciones.
Cuando éstas
ocurrieron, en
el actual
estrecho de
Bering debió
emerger un
puente de
tierra entre
América y Asia
debido al
descenso en el
nivel del mar.
Siguiendo esta
teoría, es
posible que
grupos de
cazadores
hayan llegado
a América del
Norte
siguiendo a
sus presas.
Cuando
concluyó la
era glacial
(muchos siglos
después), los
cazadores
quedaron
atrapados en
el nuevo
continente y
fueron
remontando
estas tierras,
en dirección
hacia el sur.
Quizá un
argumento para
considerar
otra
posibilidad
para el
poblamiento de
América es el
hallazgo de
restos humanos
en La Toca,
Brasil,
fechados en 45
mil años aC,
en tanto que
los restos
encontrados en
American Falls,
Estados
Unidos, tienen
unos dos mil
años menos. De
hecho otras
teorías
plantean la
posibilidad de
un poblamiento
múltiple,
desde África,
Asia y
Polinesia.
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La Etapa
Lítica
Los
arqueólogos
consideran que
este amplio
periodo de la
prehistoria
mexicana
comienza con
la llegada de
los primeros
seres humanos
al territorio
de lo que hoy
se considera
México. La
conclusión de
esta etapa
varía de
acuerdo con la
región
cultural que
se trate, más
temprana para
Mesoamérica y
más tardía
para
Aridoamérica.
A lo largo de
este vasto
periodo, los
grupos
originales de
cazadores y
recolectores
nómadas fueron
evolucionando
hacia
formaciones
sociales
sedentarias
dedicadas a la
agricultura
(en las zonas
donde el medio
lo permitía).
La
Etapa
Lítica
adquiere
su
nombre
de
la
gran
cantidad
de
instrumentos
fabricados
con
piedra
datados
de
este
tiempo.
Esto
no
quiere
decir
que
fuera
el
único
material
que
aquellos
grupos
humanos
conocieron,
sino
que
éste
fue
el
que
mejor
resistió
el
paso
del
tiempo.
En
ciertos
autores,
se
la
denomina
como
periodo
Precerámico,
pues
consideran
que
la
alfarería
es
una
característica
definitoria
de
las
sociedades
agrícolas.
Se
subdivide
en
cuatro
grandes
periodos:
Arqueolítico:
Va
del
30.000
A.c.
hasta
el
9.500
adC.
Se
caracteriza
por
la
elaboración
de
instrumentos
en
una
tradición
tecnológica
incipiente,
con
ausencia
de
puntas
de
flecha.
La
tecnología
lítica
de
este
periodo
estaba
orientada
más
hacia
el
aprovechamiento
de
especies
menores
y
el
procesamiento
de
vegetales.
Los
sitios
arqueológicos
más
representativos
de
este
tiempo
son
Laguna
Chapala,
en
Baja
California;
El
Cedral,
San
Luis
Potosí
(el
sitio
más
antiguo
del
que
se
tenga
noticia);
y
Tlapacoya,
Estado
de
México.
Cenolítico
Inferior:
Va
desde
el
9.500
A.c.
al
7.000
A.c..
Es
un
periodo
caracterizado
por
un
cambio
climático
que
motiva
la
transformación
de
las
pautas
de
explotación
del
medio,
la
organización
social
y
la
tecnología.
Uno
de
los
elementos
más
distintivos
de
la
tecnología
de
este
periodo
son
las
puntas
Clovis,
que
han
sido
encontradas
sobre
todo
en
el
norte
de
Sonora
y
en
el
valle
de
Tlaxcala.
También
se
desarrollaron
las
tradiciones
Folsom
--en
el
desierto
de
Chihuahua
y
Tamaulipas--
y
la
tradición
Paiján,
en
el
sureste.
Cenolítico
Superior:
Este
período
inicia
en
el
año
7.000
A.c.,
pero
su
conclusión
depende
del
área
cultural
en
cuestión.
En
Mesoamérica
y
Aridoamérica,
concluye
con
el
desarrollo
de
las
culturas
agrícolas
del
Golfo,
Oaxaca
y
Valle
de
México
(hecho
que
define
las
diferencias
entre
ambas
regiones);
y
en
Oasisamérica,
concluye
con
la
consolidación
de
esta
zona
como
un
área
cultural
autónoma,
aproximadamente
hacia
el
año
100.
|
Para estas
fechas, los
grandes
mamíferos, que
eran base de
la
subsistencia
de aquellos
pueblos,
habían sido
extinguidos.
Por ello, la
economía se
reorientó
hacia la
recolección y
la caza menor.
La
consecuencia
de este cambio
en el modo de
subsistencia
propició el
desarrollo de
tecnologías
destinadas al
procesamiento
de los
vegetales
(algunos
instrumentos
inventados en
esta época,
como el
molcajete y el
metate siguen
en uso en
muchas partes
de México).
Aunque el
esquema de la
explotación de
recursos era
similar para
todas las
regiones, se
observa un
proceso de
diversificación
cultural que
dio origen a
las culturas
del desierto
mexicano:
San Dieguito
(Baja
California)
Comondú (Baja
California
Sur)
Cochise
(Sonora y
Chihuahua)
Las Nieves
(Coahuila y
Chihuahua)
Jora-Mairán
(Coahuila)
Caracoles y
Las Chivas
(Durango y
Zacatecas)
Tradición
de México
Central
Las
tradiciones
culturales del
Cenolítico
Superior
incorporaron
el uso de
fibras para
cordelería,
textiles y
cestería. Sus
patrones de
residencia son
más complejos
que en
periodos
anteriores.
Protoneolítico: Se traslapa en
el tiempo con
el período
anterior, pues
va del año
5.000 adC al
2.500 adC, y
está
relacionado
con el
desarrollo de
una
agricultura
incipiente en
ciertas áreas
de México,
especialmente
en el valle de
Tehuacán, la
zona Occidente
de Jalisco y
la región
Cuenca del
Balsas, donde
algunos
autores
consideran que
tuvo lugar la
domesticación
del maíz. Esta
revolución
tecnológica
propició el
desarrollo de
nuevos
instrumentos,
con un mejor
acabado
respecto a los
anteriores, en
virtud de un
mayor dominio
de las
técnicas de
labrado de
piedra. a lo
largo de este
periodo, la
agricultura se
convertirá
poco a poco en
el principal
medio de
subsistencia
para el área
mesoamericana,
con lo cual,
la historia
precolombina
de México
seguiría
caminos
diferentes
entre
Mesoamérica y
Aridoamérica.
El
descubrimiento
de la
agricultura
mesoamericana
(8.000-5.000
adC)
Diversas
especies de
maíz criollo.
En los últimos
años, las
investigaciones
arqueológicas
en Sudamérica
ponen en duda
el origen
mesoamericano
del maíz. [1].
Sin embargo,
para efectos
de la
comprensión de
la historia de
la región, el
desarrollo de
la agricultura
del maíz sigue
siendo un hito
importante,
sea cual sea
su origen.
Las razones
por las cuales
ocurrió la
transición
entre las
sociedades de
recolectores-cazadores
y las
agrícolas
sedentarias no
han sido bien
establecidas.
Algunos
autores
señalan que
probablemente
se debió a la
incapacidad
del sistema
económico de
apropiación
directa de los
recursos
naturales para
sustentar a la
creciente
población. Sin
embargo, no se
han encontrado
indicios de un
aumento
importante de
la población
al inicio del
periodo
protoneolítico.
Lo que se sabe
es que en
ciertas
regiones de la
futura
Mesoamérica, e
incluso en el
desierto
tamaulipeco,
se han
localizado
puntos de
ocupación
prolongada por
milenios;
algunos de los
cuáles están
relacionados
con el
desarrollo de
ciertos
cultivos. Por
lo tanto, el
descubrimiento
de la
agricultura en
México debió
ocurrir en
varios
núcleos, a
partir de los
cuáles se
difundió a
otras
regiones.
Los cultivos
más antiguos
de México
debieron ser
el guaje y la
calabaza,
cuyos restos
más antiguos
datan del
final del
periodo
Cenolítico
Superior. Más
tarde se
domesticaron
fríjol, maíz,
maguey, nopal,
yuca,
jitomate,
aguacate,
amaranto,
chile, zapote,
ciruela y
algodón. Tiene
especial
importancia la
agricultura
del maíz, base
de la
civilización
mesoamericana.
Nuevos
fechamientos
de los restos
encontrados en
Coxcatlán y
Las Abejas, en
el valle de
Tehuacán,
ubican en el
año 3000 adC,
y apuntan a
que el proceso
que llevó a la
creación de la
especie Zea
mays, a partir
de Zea
mexicana (teocintle),
debió ocurrir
en la cuenca
de México.
Incluso, desde
hace tiempo se
disputa el
origen del
maíz, al cuál
ciertos
investigadores
conceden un
origen andino.
Aridoamérica
El desarrollo
de las
culturas
agrícolas de
Mesoamérica es
tomada como el
hito histórico
que marca la
separación de
esta superárea
cultural con
respecto a
Aridoamérica,
ocupada por
pueblos
cazadores-recolectores
nómadas. Esto,
como se expuso
en el apartado
anterior,
ocurrió
aproximadamente
en el año
2.500 aC.
El primero que
empleó este
término fue
Paul Kirchhoff
en 1954. Para
diferenciar a
los
áridoamericanos
de otros
pueblos
vecinos como
los
mesoamericanos
y los indios
de las
praderas,
Kirchoff
distinguió los
caracteres
económicos
(pueblos
dedicados a la
recolección de
vegetales que
combinaban de
modo
secundario con
caza) y
patrones de
residencia
(poblaciones
nómadas)
peculiares de
la superárea.
Incluyó en
ella, además,
a los pueblos
recolectores y
pescadores que
tenían una
agricultura
poco
desarrollada
(como los
pueblos de la
sierra de
Tamaulipas).
El paisaje
áridoamericano
es sumamente
variado. Se
extiende por
planicies,
montañas muy
escarpadas,
costas y
mesetas. La
vegetación y
la fauna son
igualmente
diversas. Esto
propició una
fragmentación
de las
prácticas
culturales,
orientadas a
la explotación
eficiente de
los recursos
disponibles.
Por ello,
mientras los
indios
californianos
disponían de
madera y otros
productos del
bosque, los
pueblos del
desierto
pasaban
penurias en
tiempos de
crisis
prolongada que
incluso los
llevaba a
comer tierra o
cortezas para
engañar el
hambre.
Kirchoff
también
propuso una
división de
Aridoamérica
--que algunos
autores llaman
Gran
Chichimeca) en
áreas
culturales
para facilitar
su estudio.
Las regiones
distinguidas
por Kirchoff
son las
siguientes:
Oasisamérica
Sitio de Mesa
Verde
(Arizona),
perteneciente
a la cultura
anazasi.
Anazasi es una
palabra que en
idioma navajo
significa los
ancestros. Se
supone que los
actuales
indios pueblo
serían
descendientes
de los
portadores de
esta cultura.
Oasisamérica
fue la última
de las
superáreas
culturales del
México
precolombino
en
desarrollarse.
Es resultado
de un lento
proceso de
introducción
de las
técnicas
agrícolas de
sus vecinos
del sur (los
mesoamericanos.
La antigüedad
de la
agricultura
oasisamericana
es debatida,
pues los
indicios más
antiguos,
encontrados en
Bat Cave,
Nuevo México,
parecen tener
entre 5000 y
3500 años de
antigüedad.
Uno de los
factores del
tardío
desarrollo de
la agricultura
en esta región
es la carencia
de agua. De
hecho, nace en
el corazón
desértico de
Aridoamérica,
en los
extensos
territorios de
Chihuahua y
Sonora
(México), y en
Arizona, Nuevo
México,
Nevada,
Colorado y
Utah, en el
suroeste de
los Estados
Unidos.
Fueron muchos
los pueblos
que habitaron
la región. Por
su origen
lingüístico
pueden ser
agrupados en
hablantes de
taracahita,
tanoano,
hokano y yuto-nahua.
Con base en
esta
diferencia
lingüística y
ciertas
características
culturales,
Kirchoff
estableció una
división en
siete áreas
culturales.
Con el avance
de las
indagaciones
arqueológicas
en
Oasisamérica,
en la
actualidad se
suelen
considerar
cinco áreas
diferenciadas:
Freemont,
Patayán,
Anazasi,
Hohokam y
Mogollón. De
estas, las más
importantes
son las
últimas tres,
y las otras
dos son
periféricas.
Mesoamérica
Volcán
Popocatépetl,
Puebla. Este
volcán domina
el paisaje del
valle de
México,
corazón del
área
mesoamericana
y uno de los
puntos más
altos de la
región
El término fue
propuesto por
Paul
Kirchhoff, en
virtud de que
las culturas
antiguas de
los que hoy es
México no
pueden
estudiarse
desde el
enfoque
geográfico de
la actualidad.
México como
formación
política nace
en el año
1810, con la
declaración de
independencia.
Antes de la
llegada de los
españoles, el
territorio
estaba
repartido
entre más de
un centenar de
pueblos,
muchos de
ellos extintos
ya. A pesar de
la
fragmentación
política,
algunos
autores (como
el mismo
Kirchoff,
Christian
Duverger, y
antes que
ellos, Alfred
Kroeber)
notaron que
los pueblos
que se
asentaron al
sur de los
ríos Fuerte y
Pánuco
compartían un
conjunto de
prácticas
culturales que
los unificaba.
Entre otras
cosas, la
subsistencia a
base de maíz,
la tecnología
neolítica, los
sacrificios
humanos con
fines
rituales, la
construcción
de centros
ceremoniales y
la mitología
común, la
numeración
vigesimal y la
importancia de
la cuenta del
tiempo, son
todos ellos
elementos que
la mayor parte
de los autores
consideran
como parte de
lo que
Duverger llama
"sustrato
común de
Mesoamérica".
Existe un
acuerdo
generalizado
sobre la
ubicación de
Mesoamérica en
la mitad sur
de México (a
partir de los
ríos Sinaloa y
Moctezuma-Pánuco)
y una parte de
América
Central que
incluye
Guatemala, El
Salvador, y el
occidente de
Nicaragua,
Honduras y
Costa Rica. No
es una entidad
geográfica
estática a lo
largo de sus 4
mil años de
existencia.
Sus fronteras,
y en especial,
la frontera
norte, se
contrajeron o
expandieron en
el transcurso
de su
historia, y
alcanzaron su
límite máximo
en el Período
Clásico, con
el desarrollo
de ciudades
relacionadas
con
Teotihuacan en
la planicie
central
mexicana.
Por lo tanto
se trata de un
área con una
geografía
sumamente
diversa, en la
que el norte
es más o menos
seco, y el sur
adolece exceso
de lluvias. La
vegetación y
la fauna
cambian no
sólo en
función de la
latitud, sino
también de la
altitud
variable de la
abrupta
orografía del
territorio. Al
cabo de unas
decenas de
kilómetros es
posible pasar
de un clima de
alta montaña a
la sequedad de
los valles
centrales de
Puebla y
México.
En el contexto
de la
diversidad
ecológica
descrita
anteriormente
se
desarrollaron
las culturas
mesoamericanas.
Si bien, el
medio
contribuyó a
la
diversificación
inicial de los
primeros
habitantes de
Mesoamérica
(que
comenzaron a
especializarse
en ciertas
actividades
económicas
acordes con
los recursos
disponibles de
su entorno),
los pueblos se
vieron
integradas en
un proceso
civilizatorio
único que
adquirió
características
regionales.
Por ello los
arqueólogos
dividen
Mesoamérica
(con fines
analíticos) en
las siguientes
áreas
culturales:
Mapa de las
áreas
culturales de Mesoamérica
Guerrero: Ocupa
aproximadamente
el territorio
del estado del
mismo nombre,
en el sur de
México. De
esta zona
proceden los
vestigios más
antiguos de
cerámica, que
marca el
inicio
aproximado del
inicio de la
civilización
mesoamericana.
Occidente
de México: Ocupa los
actuales
estados de
Michoacán
Colima,
Sinaloa y
Nayarit, y
parte de
Jalisco. Aquí
se
desarrollaron,
entre otras,
las culturas
Capacha (la
más antigua de
Mesoamérica),
la Tradición
de las Tumbas
de Tiro y la
cultura
tarasca.
Golfo de
México: Ocupa la
llanura
costera del
Golfo de
México, y la
región que en
México se
conoce como La
Huasteca. Aquí
se desarrolló
la cultura
Olmeca, el
complejo más
influyente del
Período
Preclásico
considerado
cultura madre.
Centro de
México: Ocupa los
valles de
México,
Puebla-Tlaxcala,
Toluca,
Tehuacán,
Morelos y
Mezquital, así
como las
montañas que
los circundan.
Fue el
escenario de
varias
culturas muy
conocidas de
la antigüedad
mexicana:
Teotihuacan,
tolteca y
mexica.
Oaxaca: En esta zona
de montañas y
valles se
desarrollaron
dos culturas
con un
desarrollo
continuo
milenario: la
mixteca y la
zapoteca.
Área Maya: Ocupa la
península de
Yucatán y los
territorios de
Chiapas y el
oriente de
Tabasco en
México, así
como
Guatemala,
Belice y parte
de El
Salvador. No
requiere mayor
comentario:
fue el
escenario de
la cultura
maya.
Norte de
México: Son las
tierras
ubicadas al
norte de los
ríos
Moctezuma-Pánuco,
Lerma y
Sinaloa. Se
trata de una
región que
formó parte de
Mesoamérica en
la época del
auge
teotihuacano.
A la caída de
esta ciudad,
fue ocupada
por pueblos
cazadores
aridoamericanos.
Centroamérica: Se trata de
los
territorios
occidentales
de Honduras,
Nicaragua,
Costa Rica y
el oriente de
El Salvador.
Las culturas
de esta región
recibieron
influencia de
mesoamericana
y chibcha, y
su ubicación
en ambas áreas
es
problemática
durante los
períodos
Preclásico y
Clásico. Sin
embargo, en el
Período
Posclásico, se
integró
plenamente en
Mesoamérica a
causa de las
migraciones
nicarao y
pipil
(nahuas).
Horizontes
culturales de
Mesoamérica
La historia de
Mesoamérica se
divide en
horizontes
culturales o
periodos. El
nombre puede
cambiar de
acuerdo con
los autores
consultados,
pero en
general se
acepta la
división en
tres grandes
etapas,
apuntadas
someramente el
los siguientes
apartados del
artículo. Se
aclara que las
fechas de
conclusión de
cada uno de
los periodos
también
depende del
desarrollo
histórico de
cada cultura o
área cultural.
Período
Preclásico
(aprox. 2500
adC - 200 dC)
El comienzo
del Período
Preclásico es
definido casi
siempre a
partir de los
indicios más
antiguos de la
fabricación de
cerámica. Los
más antiguos
de ellos
fueron
encontrados en
Guerrero,
cerca de la
localidad de
Puerto
Marqués, y se
calcula que
datan del año
2440 adC.
Los primeros
1.300 años de
este período
son definidos
como
Preclásico
Temprano. Se
trata de una
dilatada época
en la que se
van
desarrollando
lentamente los
rasgos
característicos
de Mesoamérica.
En esta
tiempo, los
procesos de
sedentarización
y la práctica
de la
agricultura se
hallan
plenamente
consolidados.
No obstante,
los
mesoamericanos
del Preclásico
Temprano
debían
complementar
sus
actividades
económicas con
con pesca,
recolección y
caza. La gente
vivía en
pequeñas
aldeas de
casas de
barro, con una
población
reducida.
Hacia el final
de este
horizonte
algunas de
ellas
crecieron en
población y
llegarían a
ser
dominantes,
como El Opeño
en Occidente;
Tlatilco,
Coapexco y
Chalcatzingo
en el Centro;
y San José
Mogote en
Oaxaca.
El desarrollo
de estas
aldeas es
considerado
como el
marcador del
inicio del
Preclásico
Medio
(1200-400 a.C).
La vida
aldeana se
volvió más
compleja, y se
establecieron
redes de
intercambio
interregional
entre las
poblaciones
dominantes. En
virtud de esas
redes, algunas
de las grandes
aldeas
extendieron su
influencia en
regiones muy
amplias de
Mesoamérica.
Monumento
1 de La Venta.
Cultura
Olmeca
Durante este
periodo tiene
lugar el
desarrollo de
la cultura
olmeca, que
resume todos
los
desarrollos
culturales de
los
mesoamericanos
de aquel
tiempo. De
esta cultura
son los
primeros
indicios de
escritura y
del uso de
calendario.
Debieron tener
una estructura
social muy
compleja que
les permitió
desarrollar su
escultura y
arquitectura
monumentales.
Los
principales
sitios de esta
cultura son La
Venta, Tres
Zapotes y San
Lorenzo,
ubicados en la
llanura
costera del
Golfo de
México.
También se ha
encontrado
evidencia de
ellos en
Teopantecuanitlán
(Guerrero), y
en
Chalcatzingo
(Morelos), y
se presume que
sus relaciones
con las áreas
oaxaqueña y
Maya
contribuyó con
el desarrollo
cultural de
esas regiones.
La declinación
de la cultura
Olmeca dio
origen al
periodo
Preclásico
Tardío (400
adC-150 dC).
Se trata de
una época de
diversificación
cultural y
asimilación de
los elementos
Olmecas en los
sistemas
culturales de
cada pueblo.
Con esa base
dieron
comienzo
varias de las
tradiciones
más
importantes de
Mesoamérica.
Sin embargo,
Cuicuilco, en
el sur del
valle de
México, y la
Chupícuaro, en
Michoacán,
serían las más
importantes.
La primera
llegó a
convertirse en
la mayor
ciudad de
Mesoamérica y
principal
centro
ceremonial del
Valle de
México; y
mantenía
relaciones con
Chupícuaro. La
declinación de
Cuicuilco es
paralela a la
emergencia de
Teotihuacan, y
se consuma con
la erupción
del Xitle
(circa 150 dC),
que motivó la
migración de
sus pobladores
al norte del
valle de
México. La
cultura
Chupícuaro es
conocida sobre
todo por su
producción
alfarera,
cuyas huellas
se han
detectado por
una amplia
zona ubicada
entre el Bajío
y la cuenca
lacustre.
Hacia el final
del Preclásico
había
comenzado la
planificación
de las
ciudades que
llegarían a
ser
emblemáticas
de Mesoamérica,
como Monte
Albán y
Teotihuacan.
Período
Clásico
(aprox. 200 -
900)
Este período
está marcado
por el apogeo
teotihuacano y
concluye con
las
migraciones
nahuas y el
establecimiento
de centros
regionales en
el valle de
México. Se
divide en dos
periodos: el
Clásico
Temprano y el
Clásico
Tardío.
Teotihuacan
El Clásico
Temprano
abarca los
primeros 400
años del
periodo, y
coincide con
la época de
mayor apogeo
de
Teotihuacan.
Durante este
periodo se
consolidó el
proceso de
urbanización
que se
observaba
desde el
Preclásico
Tardío. De
esta suerte,
nacieron
ciudades como
Cholula, en el
valle
Puebla-Tlaxcala;
Monte Albán en
los Valles
Centrales de
Oaxaca, Tikal
y Calakmul en
el área Maya.
Las obras
hidráulicas
que
permitieron la
alta
eficiencia de
la agricultura
mesoamericana
también
estaban bien
desarrolladas
en esta época.
La escena
histórica fue
dominada por
los
teotihuacanos,
que
convirtieron a
su ciudad en
el centro de
una amplia red
de
intercambios
comerciales
que
involucraban
especialmente
a todos los
pueblos
mesoamericanos
y de Oasisamérica,
de los cuáles
se obtenía la
turquesa, uno
de los
artículos
suntuarios más
característicos
de la
civilización
mesoamericana.
Los
teotihuacanos
monopolizaban
la
distribución
de la cerámica
Anaranjado
Delgado, una
de las más
finas y
apreciadas de
la época,
producida en
Puebla, y las
minas de
obsidiana,
alabastro y
otros
minerales de
vital
importancia
para la vida
cotidiana de
los antiguos
mesoamericanos.
Relieve de
Palenque,
Cultura maya
Estos
productos eran
intercambiados
con otros
pueblos por
mercancía de
la cuál los
teotihuacanos
no disponían
en su área de
influencia
directa.
Teotihuacan,
además, fungía
como gran
intermediario
entre las
diferentes
regiones de
Mesoamérica.
La importancia
de las rutas
comerciales
controladas
por los
teotihuacanos
está reflejada
en el
crecimiento de
poblaciones en
el área Norte
de México, que
durante esta
época queda
integrada en
la
civilización
mesoamericana.
Entre estas
ciudades se
cuentan
Altavista y
Loma de San
Gabriel.
Teotihuacan
era una ciudad
cosmopolita y
multiétnica.
En ella se ha
encontrado
indicios de
presencia
oaxaqueña y de
los pueblos
del Golfo, que
ocupaban
barrios
enteros de la
ciudad. De
igual manera,
es patente la
presencia
teotihuacana
en Monte Albán
y en Tikal,
corazón del
área Maya que
por aquél
tiempo vivía
su primer
periodo de
apogeo.
Hacia el año
600 comenzó el
proceso de
declinación de
Teotihuacan.
Este hecho
marca el
inicio del
Clásico
Tardío,
caracterizado
por la época
del gran
florecimiento
de las
culturas maya
y zapoteca, y
las
modificaciones
en el panorama
político del
Centro de
México (que
afectaron a
Mesoamérica
entera).
Los mayas
habían
mantenido
relaciones
comerciales
con
Teotihuacan a
durante el
Clásico
Temprano.
Algunos
autores
sospechaban
que la
presencia de
rasgos
culturales
teotihuacanos
en Tikal y
otros centros
importantes de
la zona
sugería que
los mayas
habrían estado
sujetos al
dominio
directo de los
teotihuacanos.
Sin embargo,
interpretaciones
más recientes
de esos
materiales
apuntan a que
la relación
entre
Teotihuacan y
los mayas
fueron de otra
índole,
comercial
seguramente. A
la luz de este
enfoque, la
presencia de
elementos y
objetos del
altiplano en
Tikal puede
interpretarse
como una
estrategia de
la élite maya
para
conferirse
legitimidad a
sí misma,
puesto que
Teotihuacan
era el Estado
más poderoso
de Mesoamérica.
Plaza de
Monte Albán.
Cultura
zapoteca
Con la
decadencia
consumada de
Teotihuacan,
en 750, las
ciudades mayas
también
entraron en
crisis. Se
especula que
una
combinación de
desordenes
políticos, en
el contexto de
un desajuste
climático,
puso en jaque
a los
gobernantes de
muchas
ciudades de la
región. De
esta manera,
la cultura
maya clásica
encontró su
fin hacia el
año 800.
Los zapotecos
fueron otro
pueblo que
mantuvo
relaciones con
Teotihuacan.
Pero en este
caso, las
relaciones
iban más allá
del
intercambio
comercial:
eran aliados.
Como se dijo
más arriba, en
Teotihuacan
fue encontrado
un barrio
completo de
zapotecos, que
tenía su
correspondiente
en la
metrópoli
oaxaqueña.
Cuando se vio
interrumpida
la relación,
por la
emergencia de
Estados
rivales de
Teotihuacan en
el Centro de
México, los
zapotecos
continuaron
con su
desarrollo
cultural
autónomo, que
vio la época
de mayor
florecimiento
entre los años
750 - 850. Sin
embargo, como
ocurrió en el
caso de
Teotihuacan y
el área maya,
la capital
zapoteca
también
declinaría y
sería
finalmente
abandonada.
Murales
de Cacaxtla.
Olmeca-xicalanca.
Epiclásico
Aprovechando
la debilidad
de las
metrópolis,
varias
ciudades
cobraron
fuerza y
tomaron
posiciones
centrales en
las rutas de
intercambio
que sostenían
la hegemonía
de
Teotihuacan.
En este
panorama,
surgieron
centros
regionales en
el Centro de
México:
Xochicalco, en
Morelos,
controlaba el
comercio con
el Área Maya;
Cholula, en
Puebla-Tlaxcala,
hacía lo
propio con el
sureste;
Teotenango,
con el
Occidente de
México. El
creciente
poder de estas
ciudades -y
otras como
Cacaxtla y
Cantona-
terminó por
estrangular a
Teotihuacan,
que colapsó
hacia el año
750.
Este periodo
es conocido
como
Epiclásico, y
se trata de
una época de
fuertes
desórdenes y
reacomodos
políticos, y
culmina con
las primeras
migraciones de
los pueblos
del Norte de
México (entre
los cuales
venían los
nahuas)
motivadas por
las sequías
prolongadas
que arruinaron
las sociedades
agrícolas de
la región. Los
mismos centros
regionales que
rivalizaron en
esta época
fueron
construidos
con el aporte
de pueblos
migrantes (por
ejemplo, los
olmeca-xicalancas
que arribaron
a Cacaxtla y
Xochicalco en
esa época). De
esta manera,
la
civilización
mesoamericana
reforzó su
carácter
multiétnico.
Periodo
Posclásico
(800/900 -
Conquista
española)
El Posclásico
es dividido
por los
arqueólogos en
dos épocas, el
Posclásico
Temprano
(800/900 -
1100),
dominado por
Tula y la
cultura
tolteca; y el
Posclásico
Tardío, tiempo
del imperio
mexica (1100 -
1521/1694).
Siempre es
conveniente
aclarar que la
calendarización
es variable de
acuerdo con la
historia
regional, dado
que
normalmente se
toma como
referencia lo
que ocurría en
el centro de
México.
Atlantes de
Tula.
Cultura
tolteca

Se suele
considerar que
el Posclásico
fue una época
dominada por
pueblos
guerreros y
sanguinarios
que causaron
la ruina de
las culturas
clásicas,
característicamente
pacíficas y
entregadas a
la religión. A
la
construcción
de este
arquetipo
contribuyó de
manera notable
Román Piña
Chan. Sin
embargo, como
señala López
Austin en El
pasado
indígena, el
belicismo
también estuvo
presente en
los periodos
anteriores,
especialmente
entre los
mayas. Lo que
ocurrido
durante el
Posclásico
sería la
exacerbación
del carácter
guerrero de
las sociedades
mesoamericanas,
debido en
parte a la
gran
competencia
entre Estados
muy poderosos
y a las
migraciones.
Las
migraciones
marcan la
pauta del
Posclásico
Temprano. Se
trataba de
pueblos
norteños que
habían sido
empujados
hacia el sur,
ya por el
expansionismo
de otros
grupos
beligerantes o
por el
desastre
ecológico que
ocasionó la
caída de las
culturas del
Norte de
Mesoamérica. A
estos grupos
se les conoce
como
chichimecas,
un término
recogido por
los cronistas
de Indias de
sus
informantes, y
que equivale a
bárbaro. La
descripción de
estos grupos
como bárbaros
no es muy
adecuada, en
tanto que, por
principio de
cuentas,
muchos de
ellos formaban
parte de la
esfera de
influencia de
Mesoamérica, y
en última
instancia, no
constituían
una unidad
étnica.
Fueron muchos
los grupos que
llegaron a
Mesoamérica
durante este
periodo. Entre
ellos podemos
contar a los
tlahuicas, que
ocuparon el
valle de
Morelos, y
otros grupos
de filiación
nahua que se
tomaron
posesión de la
cuenca
lacustre de
México y del
valle poblano
tlaxcalteca.
Con ellos
venía un
grupo,
comandado por
Mixcóatl, que
se asentó en
Culhuacán y se
mezcló con la
población
originaria,
afín a la
teotihuacana.
Más tarde, el
hijo de
Mixcóatl, Ce
Ácatl
Topiltzin
Quetzalcóatl,
partiría de
Culhuacán
hacia el
norte, donde
fundó Tula.
Los toltecas
iniciaron un
proceso de
expansión, que
los llevó a
establecer
relaciones con
otros Estados
importantes,
que también
buscaban el
respaldo de
Tula para
legitimarse.
Tal es el caso
del efímero
Estado mixteco
de 8 Venado
Garra de
Jaguar, que
tras derrotar
a varios de
los más
importantes
señoríos del
siglo XI,
forzó la
unificación
política de
buena parte de
la Mixteca
bajo su
persona. Para
hacerlo,
recurrió al
prestigio de
Tula como
centro
hegemónico,
con el que
estableció
alianza. Sin
embargo, 8
Venado fue
asesinado y
tras ello, la
Mixteca entró
en un proceso
de
desintegración.
Más tarde, los
mixtecos
habrían de
invadir el
territorio
tradicional de
sus vecinos
zapotecos,
desplazándolos
hacia el istmo
de
Tehuantepec,
en el oriente.
El
Castillo.
Chichén Itzá.
Cultura maya
La relación
entre el
Estado tolteca
y los reinos
yucatecos ha
desconcertado
a los
arqueólogos.
El
extraordinario
parecido entre
Tula y Chichén
Itzá es el
motivo de
ello. Se ha
sugerido que
Tula colonizó
la península
de Yucatán; o
que cuando la
élite tolteca
fue expulsada
de la ciudad,
sus vínculos
con los itzáes
(pueblo de
filiación maya
que vivía a la
sazón en
Campeche) les
permitieron
ocupar por la
fuerza la
ciudad de
Chichén. En
cualquiera de
los dos casos,
los recién
llegados
habrían
decidido
edificar una
réplica de la
antigua
capital. La
hipótesis
contraria,
sostenida por
Piña Chan,
convierte a
Tula en una
colonia y
réplica de
Chichén.
Sin embargo,
es más
plausible que
el fenómeno de
las ciudades
gemelas
separadas por
cientos de
kilómetros
tenga una
explicación
similar a la
ofrecida para
el caso de la
presencia
teotihuacana
en Tikal. Es
muy probable
que grupos
migrantes,
portadores de
la cultura
tolteca (o
zuyuana, como
la llaman
López Austin y
López Luján),
se hayan
instalado en
Yucatán y
hayan
terminado por
fundirse con
los nativos y
llegar a
ocupar
posiciones
privilegiadas.
Para legitimar
su poder
debieron
recurrir a su
antiguo
vínculo con
Tula,
considerada la
ciudad de
Quetzalcóatl,
y ello
explicaría la
presencia de
ciertos rasgos
típicos del
Centro de
México en las
artes mayas de
aquél tiempo.
La caída de
Tula está
relacionada
con la misma
inestabilidad
política
interna que
había motivado
su expansión.
La ciudad fue
semiabandonada,
y muchos de
sus pobladores
huyeron hacia
la cuenca
lacustre de
México, para
asentarse
nuevamente en
al pie del
Cerro de la
Estrella. Al
mismo tiempo,
se producían
nuevas
migraciones,
como la de los
pipiles y
nicaraos hacia
Centroamérica,
o la de los
mexicas, hacia
el centro de
México.
Durante el
periodo
comprendido
entre la caída
tolteca (ca.
1100 dC) y la
derrota de
Azcapotzalco
por
Tenochtitlan
(1430), hubo
un vacío de
poder,
aprovechado
por ciudades
de menor
envergadura
que cobraron
un nuevo y
breve
florecimiento.
Entre ellas se
cuenta
Cholula,
ciudad de
añeja
tradición y
relacionada
con el culto a
Quetzalcóatl,
y Culhuacán,
que fue
ocupada por
refugiados
toltecas.
A la llegada
de los
mexicas
a la cuenca
lacustre, la
escena era
dominada por
los tepanecas
de
Azcapotzalco,
pues Culhuacán
había entrado
en decadencia.
Tras un
periodo de
constante
cambios de
residencia, se
establecen en
el islote de
México, en
territorio de
Azcapotzalco.
Sin embargo,
establecieron
una alianza
con los
culhuas,
rivales de los
tepanecas, a
los que
finalmente
derrotaron en
compañía de
Texcoco y
Tlacopan,
coaligados en
la Triple
Alianza.
De esta
manera,
comenzó un
periodo
expansionista
militar y
comercial
encabezado por
los mexicas,
que llegó a
dominar casi
toda
Mesoamérica.
El
expansionismo
estaba basado
en la
ideología
religiosa de
los mexicas,
quienes se
consideraban a
sí mismos como
hijos del Sol.
En tanto que
sus hijos, los
mexicas tenían
la obligación
de
proporcionar
alimento a los
dioses (sangre
y corazones,
que en la
religión
mesoamericana
eran símbolos
del tonalli o
fuerza
cósmica), por
lo que
emprendían
guerras con la
misión de
capturar
presos. Es por
ello que
permitieron la
relativa
independencia
de Tlaxcala,
de la que
obtenían
cautivos en
las Guerras
Floridas (Xochiyáotl)
necesarios
para el
sacrificio
ritual.
|
Además de
Tlaxcala,
permanecieron
imbatibles
Meztitlán al
norte;
Teotitlán del
Camino, al
oriente;
Yopitzinco en
la costa de
Guerrero; el
señorío
mixteco de
Tututepec y el
reino zapoteca
de
Tehuantepec.
Estos dos
últimos se
coaligaron y
le propinaron
al ejército
mexica una
memorable
derrota en
Guiengola. El
tlatoani
mexica, para
evitar
consecuencias
más graves,
decidió casar
a su hija con
el rey de los
zapotecos,
Cocijoeza.
Cultura
tarasca Otro
de los rivales
imbatibles de
los mexicas
fue el Estado
tarasco. Su
formación
comenzó
alrededor del
año (1450),
como producto
de la unión de
un pueblo
llegado del
norte (los
uacúsechas) con
los
pobladores
nativos. |
|
Los
tarascos
tuvieron tres
capitales
sucesivas (Pátzcuaro,
Ihuatzio y
Tzintzuntzan),
ubicadas en
las
inmediaciones
del lago de
Pátzcuaro. Con
el tiempo, la
supremacía la
conservó
Tzintzuntzan.
A partir de
allí tuvo
lugar el
expansionismo
de los
tarascos, que
los llevó a
ocupar el
actual estado
de Michoacán y
áreas
circunvecinas.
En su
expansión
hacia el
oriente, se
encontraron
con los
mexicas, con
quienes se
enfrentaron en
varias
ocasiones, y
no pudo vencer
un bando al
otro
definitivamente.
Mientras
tanto, en
Yucatán, los
itzáes habían
sido
expulsados de
Chichén por
los cocomes de
Mayapán, con
lo cual se
rompió la
alianza
establecida
entre estos
reinos y
Uxmal. Esta
confederación
es conocida
con el nombre
de Liga de
Mayapán. Al
disolverse, la
península se
vio envuelta
en una cadena
de guerras
entre estados
vecinos que
disputaban el
control
político de la
región. Ese
fue el
panorama que
encontraron
los españoles
a su llegada a
Mesoamérica en
el año 1517.
El fin del
México
prehispánico
La conquista
de
México-Tenochtitlan
por parte de
los españoles,
ocurrida en
1521, suele
ser tomada
como la
conclusión de
la época
precolombina
de México. Sin
embargo, es
necesario
hacer hincapié
en que la
conquista y el
sometimiento a
España no
ocurrió al
mismo tiempo
para todos los
pueblos. La
región
oaxaqueña no
caerá bajo el
control de
Hernán Cortés
hasta la
década de
1560. El
último reducto
de la
resistencia
maya, en
Tayasal, será
rendido hasta
1697.
Referencias
CARMACK M.
Robert (ed.)
(1996). The
legacy of
Mesoamerica:
history and
culture of a
Native
American
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Prentice Hall.
Nueva Jersey.
LÓPEZ Austin,
Alfredo, y
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López (2001).
El pasado
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Fondo de
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El Colegio de
México.
México.
REVISTA
ARQUEOLOGÍA
MEXICANA
(2000). Atlas
del México
Prehispánico.
Núm. especial
3. Editorial
Raíces.
México.
http://es.wikipedia.org
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